Mis tardes con Margueritte

CartelEn ese momento en que nos adentramos en la calma de la noche y nos apetece sentarnos frente al televisor, la disyuntiva se hace evidente: ¿qué ver? ¿Cogemos el mando a distancia y vamos pasando canales a riesgo de quedar atrapados en un reality? ¿Apostamos por una película tranquila? La respuesta es clara y buscamos un DVD que nos reencuentre con nosotros mismos, que nos haga olvidar, aunque sea momentáneamente, la jerga que durante la jornada nos ha llenado la mente —organización, acceso a la información, CDU, préstamo interbibliotecario, etc.,— y nos devuelva la esencia primera de la lectura y su poder transformador de las personas. Sin dudar, elegimos una de las películas que no nos va a fallar, Mis tardes con Margueritte.

Basada en la novela de Marie-Sabine Roger, esta cinta nos cuenta la historia de Germain Chazes, un corpulento hombre de 45 años, casi analfabeto, que lleva una vida tranquila en una pequeña ciudad francesa. Se relaciona con sus amigos del bar, cada uno con sus problemas, con su novia Annette que conduce el autobús de la zona, y con su madre quien quedó embarazada sin querer, muy joven y con la que no acaba de entenderse.
Germain —interpretado por Gerard Depardieu— vive en una caravana instalada en el jardín. No tiene un trabajo estable y su afición es cultivar el huerto y acercarse al parque a contar las palomas que allí moran y a las que incluso les pone nombre.

La vida de Germain es plana, previsible, marcada por su pasado y una educación casi inexistente. El título original de la cinta, La tête en friche, (la cabeza en barbecho) indica eso, precisamente, una mente no cultivada, vacía de contenido, inactiva.

Pero un día, en el parque, encuentra una mujer, de nombre Margueritte —espléndida interpretación de Gisèle Casadesus—, una anciana de noventa y cinco años, que había sido una investigadora brillante, con una vida marcada por las lecturas. Ahora vive sola, en una residencia. Margueritte también cuenta palomas y entre Germain y ella surge una historia de amor materno-filial, una relación tierna que desemboca en complicidades e intercambios de conocimientos mutuos. El parque se convierte en el punto de encuentro y cada tarde, Margueritte, siempre en el mismo banco de piedra, lee en voz alta fragmentos de La peste. Así, poco a poco, Germain se inicia en la lectura, descubre el placer que le puede proporcionar un libro y, casi sin querer, su vida empieza a cambiar.

En las diferentes escenas que se producen en el parque asistimos a la transformación del iletrado Germain. Los diálogos de los primeros encuentros tienen un cariz cómico:
—Como sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles, sin jardines,… —lee Margueritte, en voz alta.
—¡Eso no puede existir! —se sorprende Germain— Pero no está mal el libro…
—Es La peste de Albert Camus.
—Albert, como mi abuelo…
—Si quiere se lo presto.
—No, no, verá, a mí la lectura no, no…

La tête en fricheO este otro diálogo:
—Leer también es escuchar. Fíjese en los niños. Cuando les enseñas a leer, primero les lees en voz alta y si lo haces bien y ellos saben escuchar te pedirán más y al final lo necesitarán – explica Margueritte.
—¡Ah, sí, se enganchan! —responde Germain— Como con las drogas. Pero yo no he probado las drogas y tampoco he probado los libros.

A La peste le siguen La promesa del alba de Romain Gary y Un viejo que leía novelas de amor de Luis Sepúlveda.
Otra tarde, la anciana le regala un diccionario, y se produce una escena divertida cuando Germain busca algunas palabras pero el resultado no le convence y acaba devolviéndoselo.
-Con un diccionario uno viaja de una palabra a otra, se pierde en un laberinto, se detiene – le anima Margaritte.
—Vamos a ver laberinto – busca infructuosamente pero no lo encuentra y prueba con margarita.
Margarita: nombre de flor —se enfada—Se han herniado, gracias por la información. A ver, Tomate: Solanácea. Ver también tomate pera. — Pues vaya, es la única variedad que mencionan, el tomate pera… ¿y el Montfavet, el Saint Pierre, el Bella rosa, el Muchamiel…? Hay muchas palabras que le faltan y otras muchas que le sobran…

La película contiene una escena que se desarrolla en la biblioteca. Cuando Germain, finalmente, se decide a leer por su cuenta.

biblioteca 2—¿Puedo ayudarle? – la bibliotecaria se levanta y se acerca a él.
—Buenos días, busco un libro.
—Ha venido al lugar indicado, ¿Sabe el título, el autor?
—No, quiero un libro nada más, un libro…
—¿Ensayo, histórico, ficción?
—No lo sé. Un libro que cuente una historia, un libro.
—¿De qué género? —insiste, solícita.
—Corto.
—¿Una novela?
—Ah, sí. Una novela estará bien, pero que no sea muy larga y fácil de leer.

portadamibiblioteca14Se acercan a las estanterías y le presta La niña de alta mar. La escena siguiente, mientras lee esta obra clásica de Jules Supervielle a su novia, en la cama, es espectacular.
La película es recomendable. Nos alegra la vida si no somos muy exigentes.

L’escrit que has llegit forma part de la sèrie d’articles sobre biblioteques de pel·lícula que venim escrivint per a la revista MiBiblioteca. Aquest correspon al número 42 (estiu 2015).

Us deixo el vídeo d’una de les escenes que comentem. Quan llegeixen La peste d’Albert Camus.

 

 

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