Los elefantes no existen

cartelLa guerra de las galaxias. Episodio II: El ataque de los clones
George Lucas
(2002)

El ataque de los clones se estrenó veinticinco años después de la popular “la Guerra de las Galaxias”. Forma parte de la trilogía de las precuelas de la serie, junto con Episodio I: La Amenaza Fantasma, y Episodio III: La Venganza de los Sith.
El ataque de los clones fue la primera película de la saga que se filmó con cámaras digitales de alta definición y aunque fue un éxito de recaudación no alcanzó la popularidad de las otras películas porque el guion es flojo y los diálogos pobres y poco creíbles.
La trama se desarrolla diez años después de los sucesos ocurridos en la película anterior, La amenaza fantasma. La Galaxia se encuentra al borde de una guerra civil y un Jedi renegado, el Conde Dooku, encabeza la rebelión de los sistemas solares que amenazan con la secesión de la República Galáctica.
Tras el intento de asesinato de la senadora Amidala, el Consejo Jedi le encarga a Anakin Skywalker (el que luego será Darth Vader) la misión de protegerla, mientras que su maestro, Obi-Wan Kenobi, intentará descubrir la identidad del cazarrecompensas autor del frustrado intento.
La cinta es un cuento de hadas imbuido de filosofía zen, vestuarios incluidos, en el que las aventuras, persecuciones y efectos especiales son bastante previsibles. Sin embargo, hay una escena que ha perdurado: Cuando Obi-Wan (Ewan McGregor) va la biblioteca a buscar información sobre un planeta concreto.biblioteca Jedi
Lo primero que se ve es una panorámica general del interior del edificio. Es un espacio reconocible porque se parece muchísimo a la popular sala principal de la antigua biblioteca del Trinity College (Universidad de Dublín) con la iluminación natural que entra por los laterales y se refleja en el suelo, aunque los bustos de los maestros Jedi substituyen a los de los filósofos, escritores y mecenas que apoyaron la universidad; y la calidez de la madera de roble y los lomos de los libros encuadernados en cuero, aquí son hololibros que emiten una tenue luz azul. Objetos, todos ellos lujosos, que denotan la convergencia de la cultura y el arte.
La presencia de los hololibros no parece tener ninguna utilidad ni función, son meramente decorativos y simplemente recuerdan a los libros, porque la información se va a buscar en los ordenadores que hay sobre las mesas, algo, dicho sea de paso, que se nos antoja cercano.
JocastaTras un ligero zoom picado de la cámara, un plano medio sitúa a Obi-Wan frente a un busto (se asemeja sobremanera a George Lucas) y la bibliotecaria directora del Archivo, Jocasta Nu (interpretada por Alethea McGrath), una mujer de edad avanzada, de carácter seco y aspecto de geisha con el cabello recogido en un moño sujeto con los típicos palillos japoneses, se acerca para preguntarle. El diálogo que mantiene es el siguiente:

¿Has solicitado ayuda? —pregunta Jocasta Un.
Sí, sí, eh… Sí, así es. —responde, dubitativo, Obi-Wan.
¿Tienes algún problema, Maestro Kenobi? —insiste Jocasta, complaciente.
Sí, eh… Busco un sistema planetario llamado Kamino…
—Kamino…
— Que no aparece en los mapas de los archivos.
Ambos se acercan a una de las mesas que ocupan el espacio central y Obi-Wan teclea el ordenador para mostrar un mapa estelar.
Kamino… No recuerdo haberlo oído nombrar nunca. ¿Seguro que tus coordenadas son correctas? —pregunta la bibliotecaria.
Según mi información debería aparecer en este cuadrante, justo al sur del Laberinto Rishi.obi-wan frente al ordenador
En ese momento, la bibliotecaria comprueba que, efectivamente, el planeta buscado no está visible y sentencia:
—Siento decirlo, pero creo que el sistema que andas buscando no existe.
Imposible, los archivos quizá estén incompletos…—Obi-Wan plantea una duda, a lo que la bibliotecaria se indigna y concluye la conversación de manera rotunda, afirmando que “Si un elemento no aparece en nuestros archivos, es que no existe”.

La bibliotecaria se da la vuelta y se va a atender a un niño, dejando a Obi-Wan sumido en un mar de dudas. Termina la secuencia con un nuevo plano panorámico a ras de suelo para magnificar nuevamente la grandeza del espacio.
Este fragmento nos deja la frase (Si un elemento no aparece en nuestros archivos, es que no existe) que nos evoca a Borges, quien creo recordar que dijo algo parecido respecto a la memoria y los recuerdos.
Georges Lucas se equivocó con esta escena. ¡Ay, con lo fácil que le hubiera resultado preguntar a cualquier bibliotecario cómo imaginaba la biblioteca del futuro! De las respuestas que obtendría, seguro que ninguna apostaba por mantener los archivos u hololibros de esta manera tan clásica.

Es criticable también la actitud de la bibliotecaria, Madame Jocasta Nu, que una vez sentenciado que el planeta no existe, se da media vuelta y se va, así, sin intentar otra búsqueda de seguimiento, sin cruzar palabras clave, sin tener la más mínima curiosidad por averiguar que sucede con el planeta Kamino o averiguar si la sospecha de Obi-Wan es cierta y los archivos han sido manipulados. Nos recuerda la anécdota del padre polaco que a preguntas de su hijo sentenció que “los elefantes no existen porque Marx no los cita en ninguna de sus obras”. Pues eso, el misterioso planeta no existe porque no aparece en los mapas de los archivos de la biblioteca.
garland_logoL’escrit que has llegit forma part de la sèrie d’articles sobre biblioteques de pel·lícula que venim escrivint per a la revista MiBiblioteca. Aquest correspon al número 44 (hivern 2016) i sortirà editat aquest mes de febrer.
Les imatges estan extretes de http://www.starwars.com/
Trailer oficial:

 

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