El bibliotecari de Changchung

logo escola  danielFa un any i mig (l’estiu de 2012), el meu amic Daniel Becerra va prendre una decisió valenta (o dolorosa, segons es miri) i se’n va anar a treballar a l’escola internacional americana de Changchung (China). Durant aquest any i mig ens ha anat enviat les seves impressions via mail i l’hem vist passar per diverses fases (desconcert inicial, coneixement de l’entorn, acceptació de la realitat, eufòria, etc)
assassinatAquest dies ha vingut a passar uns dies de vacances a Barcelona i he tingut l’oportunitat de passar una estoneta amb ell i sentir de viva veu les seves aventures per l’Orient.
L’he vist content i amb molts projectes iniciats. M’ha explicat el cas de “l’assassinat a la biblioteca” amb la implicació i el suport de la resta de mestres, les trobades amb bibliotecaris escolars de Shanghai, el seu viatge al Japó i moltíssimes anècdotes.
Ens hem trobat a l’Abracadabra, on hem pogut comentar algunes de les novetats que en Ricardo ens ha mostrat i després hem fet una passejada fins al carrer Jonqueres on ens hem aturat a “el rei de la màgia” a prendre unes cervesetes.
DSC07136De tot el que m’ha explicat em quedo amb un parell de frases o comentaris. Un fa referència al nivell dels bibliotecaris que surten de la universitat i que és, de llarg, molt superior en coneixements al de la resta de països que ell ha visitat o conegut.
avions 2 avionsLa segona és la frase que m’ha contestat a la pregunta “com has vist Barcelona?”. M’ha dit que no te n’adones de com és el lloc on vius fins que no estàs lluny. El cel blau, l’ordre de les coses, la gent… Barcelona és un lloc ideal per viure.

Podeu visitar el bloc d’en Daniel entrant a https://sites.google.com/site/lachistera/

Us deixo amb un dels seus articles. És del gener de 2012, just quan feia cinc mesos que era a Changchung

dimarts 17 de gener de 2012
Bibliotecarios emigrantes: marchar con la biblioteca a cuestas

¿Marchar o quedarse? Ante la situación de crisis generalizada (o, peor aún, ante la percepción de crisis, que puede hacer más grave la crisis real de la que es), mucha gente, de muchas profesiones, se hace esta pregunta. Y los bibliotecarios no son ajenos a ella.
¿Es posible para un bibliotecario marchar? ¿Es necesario? En este artículo hablaré sobre el proceso de emigración, desde antes de la salida, hasta la posible vuelta. Por supuesto, aplicado a mi colectivo. Pero desgraciadamente, habrá tintes melancólicos, al encontrarme yo mismo en esta tesitura.
Antes de ello, quiero dejar constancia de que he visitado, y he trabajado con, bibliotecas de buena parte del mundo: Zimbabwe, Mongolia, Japón, Yemen, Uzbekistán, Guatemala… he sido miembro de Bibliotecarios sin Fronteras, y trabajado en una ONG internacional, con bibliotecas en todo el mundo. Por ello, tengo un cierto recorrido en organización, formas de trabajar, concepciones… a partir de estas experiencias. Espero que os sean de utilidad.

biblioteca changchungPor qué marchar:
Una amiga me dijo hace poco: “si te vas a otro país huyendo, no lo hagas: echarás de menos el tuyo, y es difícil superarlo”.
En definitiva, marchar creo que puede hacerse por dos motivos, que tienen repercusiones diferentes:
-por voluntad propia,
-por obligación.

¿Marchas por saber más? ¿Por ánimo aventurero? ¿Por una oferta laboral irrenunciable?
¿O marchas porque aquí no hay trabajo, porque no te valoran, por hastío..?
La persona que marcha por voluntad propia, lo hace con afán exploratorio, no tiene expectativas. Si le va bien, se quedará, y si no le interesa más, volverá sin problemas.
La persona que marcha por baja valoración, cansancio, falta de trabajo… generará unas expectativas, normalmente elevadas, y si no lo consigue se frustrará, y la vuelta derrotado y humillado será todavía peor que la ida. En caso de que le vaya bien, echará siempre de menos aquél “hubiese podido ser y no ha sido”.

daniel1Hace un tiempo aparecía un reportaje en un diario, en el cual se establecían tres motivos primordiales por los que los emigrantes no regresaban a España (aquí personalizo en nuestro país, que tiene una idosincrasia especial):
-Valoración del trabajo, experiencia y profesionalidad
-Condiciones económicas mucho más favorables
-Forma de trabajar.
Por mi experiencia personal, creo que la fundamental es la primera. Una persona puede cobrar menos, pero trabajar más a gusto. Y en cuanto a la forma de trabajar, es cierto que en nuestro país es caótica, pero si compensa al final te haces a ello.

Cómo marchar:
Podemos encontrar tres formas de marchar:
-a la aventura,
-con un contrato o beca desde España (por una empresa o institución española),
-con un contrato desde un país extranjero.

daniel2Por lo que veo, en este momento es más adecuada la tercera opción, siempre y cuando se tenga muy claro de qué se quiere trabajar. Para ello, lo mejor es buscar el país al cual queremos ir, y buscar allí los recursos adecuados: somos documentalistas, o sea que esto de saber buscar y encontrar información ya lo tenemos ganado (y si no somos conscientes de ello, pongámonos en el papel de documentalista cuando un usuario nos lo pregunta). Igual que tenemos un RecBib por aquí, existen recursos similares en cada país. Y si no los hay, para eso están los foros de bibliotecarios, que nos pueden echar una mano: ¡otro factor positivo de nuestro colectivo!
Hace poco consulté a colegas sobre bolsas de trabajo de bibliotecario en el extranjero. ¡Y sorprendentemente hay muchísimas! Digo sorprendentemente porque a veces creemos que la única opción es irse a la aventura.

Qué pasa cuando estás allí:

El idioma: la principal barrera que uno se crea para decidir a dónde ir es el idioma. Pondré unos casos prácticos para desmontar ese mito. Una directora de biblioteca me explicaba que ella había marchado al Reino Unido sin un gran nivel de inglés. Allí, por ese motivo, la habían puesto a ordenar libros. A partir de adquirir más conocimiento, había ido realizando otras tareas y subiendo de categoría. No todos los países son como el nuestro: en algunos, ¡llegas hasta donde vales!
He visitado países donde la lengua era radical y absolutamente diferente a lo mío conocido, fuese inglés o castellano: he sobrevivido. Y mi aprendizaje básico ha sido: cuando dos personas QUIEREN entenderse, el idioma jamás es una barrera.
Hay otro dato sobre el idioma: para trabajar en bibliotecas públicas, puede ser un impedimento, pero en trabajos de nivel superior, no suele serlo tanto: los investigadores de nivel necesitan una información muy específica que suele estar en inglés, y si dominamos la técnica de búsqueda de información superespecializada, con un aceptable nivel de inglés, que iremos puliendo, se pueden conseguir buenas oportunidades.

La nostalgia: la familia tira, sobretodo si es mujer e hijos. Y nosotros mismos, que echamos de menos el sol y la calidad de vida española. En muchos momentos se cae en la morriña, y nos planteamos si ha sido una buena idea, si ahorraremos un poco y después volveremos, si volvemos ya… Bueno: en nuestros tiempos, con un avión podemos estar un día en Japón, y al siguiente en Sevilla. Así que esto no es un problema. Y si las condiciones encontradas son suficientemente buenas, tanta opción es volver, como que la familia vaya allá.

Todos los inicios son duros: en un país extraño, con lengua y cultura diferentes, es difícil saber dónde buscar y cómo moverse. Y el trabajo no caerá del cielo, y no tiene por qué ser ideal: un jefe berzotas puede estar aquí, o en Malasia, y saber gestionarlo también depende de la mentalización que llevemos al marchar. Para ganar, hay que apostar, y hay que sudar, aquí y en todas partes.

Volver:
El principal problema de marchar… ¡es volver! En este apartado me voy a extender más.
He apuntado anteriormente los motivos por los que la gente no quería volver: valoración, condiciones, forma de trabajar.
Efectivamente, son tres columnas que sustentan la decisión. Se habla mucho de la “fuga de cerebros”, y alguna gente habla de las oportunidades que estamos perdiendo dejando marchar a gente preparada, mientras otros países nos reciben con los brazos abiertos, porque tienen a grandes profesionales, sin haber invertido un duro en su formación.

Para volver, ha de haber algún aliciente, aparte de la nostalgia. Y en este país, por nuestra personalidad, es muy difícil encontrarlos.
El emigrante vuelve a este país cargado de experiencias (innovadoras, curiosas, distintas…)… ¡y a nadie le importan! (aquí hago un inciso para diferenciar por países: si has trabajado en la Public Library of New York, la gente se quedará con la boca abierta; si has estado en 10 bibliotecas de Malawi, pues no tanto).
En la gran mayoría de entrevistas de trabajo que he realizado aquí, cuando he comentado que he conocido experiencias en bibliotecas de una veintena de países… un absoluto desinterés se ha adueñado de la sala. Desgraciadamente, nos miramos demasiado el ombligo como para pensar que en otros ámbitos haya alguien haciendo algo interesante, de lo que podemos aprender. Pero eso significaría… ¡cambios! (exclamación de terror). Y eso nos interesa poco.
En el ámbito funcionarial, de biblioteca pública, desgraciadamente llevamos este lastre en muchas ocasiones, y la propia dinámica del mismo impide que se valore a gente con grandes conocimientos, y sobre todo distintos.

El choque cuando se ha trabajado en empresas o bibliotecas de alto nivel es todavía más evidente, por el tercer motivo: las formas de trabajar: desde la rigidez y el perfeccionismo alemán, a la improvisación y chapuza patria, hay abismos complicados de salvar.
La falta de experiencia, la estrechez mental, la poca profesionalidad de muchos cargos intermedios y altos que no quieren ver peligrar sus empleos (o por pura comodidad, si este lo tienen asegurado), desconfían y atan al recién llegado para que no los deje en evidencia. En este país, alguien que sepa algo que tu no sabes, en lugar de ser una oportunidad y un valor a cultivar y conservar, es una amenaza.
El emigrante que vuelve al cabo de unos años, se puede encontrar trabajando a mitad de precio, despreciado en sus conocimientos e iniciativas, y obligado a trabajar de forma poco eficiente. ¿Volverá?

Otra cosa es que no le haya ido bien en el extranjero. Pero este caso es más raro: la persona que es capaz de dar el paso, dará todos los que haga falta para encontrar acomodo en un sitio o en otro, incluso si tiene que cambiar de profesión.
También se puede volver porque se eche de menos otros factores, como el clima, la familia, etc. Si se ha de volver por estos motivos, recomiendo no hacerlo a cualquier precio: que se haga de forma meditada, y siempre para mejorar. Buscar ofertas de trabajo, entrevistas, opciones, antes de regresar, para no acabar cayendo donde se estaba antes, o peor.
Posibles soluciones para favorecer la vuelta:
-Promover la iniciativa privada: en la mayoría de países, una persona con iniciativa puede crear su propio negocio, si no encuentra su sitio en ámbitos colectivos. El bibliotecario no sólo puede ser bibliotecario: puede montar una librería, general o especializada; puede formarse para trabajar de restaurador/encuadernador; puede trabajar de asesor en gestión documental…
El inmensísimo problema de este país, no sólo en este ámbito, es precisamente las trabas que se encuentra cualquier persona que quiere hacerlo: burocracia, impuestos extremos, permisos…

-Que las universidades actúen: la única forma de recoger el flujo de sabiduría obtenido por los trabajadores en el extranjero, es a través de las universidades. Pero siempre y cuando estas estén absolutamente conectadas al mundo laboral. La universidad ha de conocer las necesidades del mercado, atraer a los valientes que han aprendido como manejarse en entornos diferentes, y con ellos formar a nuevas generaciones con una apertura mental amplia, a partir de las experiencias riquísimas que les traen desde fuera.
Las nuevas generaciones llevarán aire fresco a nuestras instituciones, y aquellos emigraron verán compensados y valorados sus esfuerzos.
Creo que esta sería una buena solución. Desgraciadamente, el acceso a la función pública ha de cambiar, para que esta pueda contratar eficientemente a estos valores de interés.

Conclusión:
Si no estás a gusto en un sitio, marcha. No hay excusas.
Pero cuenta hasta 50: hazlo de forma meditada. Decide el destino que prefieras. Busca información del mismo, muévete, encuentra las oportunidades, valóralas y ves a por ellas, sin ir a la primera que salga. Tu trabajo a partir de ahora será encontrar trabajo.
Nuestro colectivo tiene la inmensa ventaja de que somos expertos en buscar información. Y también de que nuestro generoso gremio dispone de redes para ayudarnos.
Y sin miedo: idiomas, formas de trabajar, frío o calor… todo eso son experiencias, pruebas que hay que superar, y que pueden compensar otras cosas.
Para la vuelta, la misma receta: antes de hacerlo, meditar, buscar, explorar el mercado… Y si no interesa, no volver.
No se puede ir, ni volver, a cualquier precio: hay que estar convencido, hacerlo porque se quiere, porque lo que encontramos es mejor que lo que tenemos: el clima, el dinero, un puesto de nivel acorde con nuestras expectativas, calidad de vida… lo que sea, pero siempre para mejorar, y convencidos de ello.
Saltar de un sitio a otro no es malo, pues de esta forma acabamos encontrando nuestro lugar adecuado en el mundo.
La valoración de uno empieza por uno mismo, y en la vida, con esfuerzo, acabamos donde nos merecemos.

Daniel Becerra

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